¿Quién tuvo la culpa… o qué puedo hacer ahora?
Escuchando a Emilio Duró encontré una frase sencilla que contiene mucho más de lo que parece https://www.facebook.com/reel/1450143069842418?locale=es_LA
La persona optimista es aquella que se pregunta qué puede hacer, en lugar de preguntarse quién ha sido.
A primera vista parece una reflexión sobre actitud. Y ciertamente lo es. Ante una dificultad, una pérdida, un conflicto o una decepción, podemos orientar nuestra energía hacia la búsqueda de un responsable:
¿Quién tuvo la culpa?
¿Quién comenzó?
¿Quién falló?
¿Quién debería haber actuado de otra manera?
O podemos hacernos una pregunta completamente diferente:
¿Qué puedo hacer ahora?
La primera pregunta nos conduce hacia el pasado. La segunda nos devuelve al presente.
La primera puede dejarnos esperando que alguien reconozca, repare, se disculpe o cambie. La segunda devuelve la responsabilidad a nuestras propias manos. Pero quisiera ir un poco más profundo.
Porque incluso antes de preguntarnos qué podemos hacer, existe otra pregunta:
¿Qué está ocurriendo dentro de mí?
El pensamiento aparece
Cuando algo nos hiere, los pensamientos aparecen casi inmediatamente.
“Esto no debió suceder.”
“No me valoró.”
“Me traicionó.”
“No me comprende.”
“Después de todo lo que hice…”
También aparecen emociones.
Ira.
Tristeza.
Miedo.
Frustración.
Ansiedad.
Y muchas veces creemos que porque pensamos algo debemos actuar desde ese pensamiento. Porque sentimos algo debemos obedecer esa emoción. Pero no necesariamente es así. Una de las enseñanzas más profundas de la práctica de Vipassana consiste precisamente en observar.
Observar la respiración.
Observar las sensaciones.
Observar los pensamientos.
Observar las emociones.
Sin convertir inmediatamente aquello que aparece en una orden.
El pensamiento aparece.
La emoción aparece.
La sensación aparece.
Y también desaparece.
Entonces comenzamos a descubrir algo extraordinario: podemos experimentar un pensamiento sin convertirnos en ese pensamiento.
Podemos sentir una emoción sin permitir que determine automáticamente nuestra conducta. Entre lo que ocurre y nuestra respuesta comienza a aparecer un espacio. Y en ese pequeño espacio comienza la libertad.
El personaje que busca culpables
En Una Nueva Manera de Ser y Amar he hablado muchas veces de los personajes que nos habitan.
El abandonado.
El salvador.
La víctima.
El controlador.
El que necesita aprobación.
El que exige reciprocidad.
El que teme quedarse solo.
El que necesita demostrar que tiene razón.
Todos esos personajes pueden aparecer frente a una dificultad. Y uno de ellos suele levantar la voz inmediatamente:
“¿Quién tuvo la culpa?”
Ese personaje quiere reconstruir la escena. Quiere encontrar responsables. Quiere explicar por qué ocurrió. Quiere demostrar que nosotros teníamos razón. Pero existe una posibilidad distinta. Podemos escuchar ese personaje sin entregarle el gobierno de nuestra vida.
Podemos decir:
“Entiendo que estás aquí.”
“Entiendo que tienes miedo.”
“Entiendo que estás dolido.”
Pero también podemos preguntarnos:
¿Es esta la respuesta que quiero dar?
Ahí aparece algo fundamental: el observador.
No soy todo lo que pienso
Existe una diferencia enorme entre decir:
“Estoy pensando que me abandonaron”
y decir:
“Me abandonaron y por eso mi vida está destruida.”
Entre decir:
“Estoy sintiendo miedo”
y decir:
“Soy una persona temerosa.”
Entre decir:
“Estoy sintiendo rabia”
y concluir:
“Por eso debo atacar.”
Cuando podemos observar lo que sucede dentro de nosotros comienza una separación saludable entre nuestra experiencia y nuestra identidad. No somos cada pensamiento que pasa por nuestra mente. No somos cada emoción que aparece. No somos necesariamente cada historia que hemos aprendido a contar sobre nosotros mismos.
Y esta comprensión cambia profundamente nuestras relaciones. Porque entonces podemos dejar de reaccionar automáticamente.
Podemos elegir.
Más allá del pensamiento positivo
Esto tampoco significa que tengamos que sustituir cada pensamiento negativo por uno positivo.
No se trata de decir:
“Todo está bien.” cuando evidentemente estamos sufriendo. Ni de convertir el optimismo en una forma de negar la realidad. La verdadera transformación no consiste simplemente en cambiar:
“Todo está mal”
por
“Todo está bien.”
Consiste en descubrir:
“Esto es lo que estoy pensando en este momento, pero puedo elegir cómo responder.”
Eso es muy diferente. La realidad puede ser difícil.
La pérdida puede doler.
Una relación puede terminar.
Una persona puede decepcionarnos.
Un proyecto puede fracasar.
Pero ninguna de esas experiencias tiene que decidir automáticamente quién seremos después de ellas.
La tercera pregunta
Emilio Duró plantea una transformación importante:
En lugar de preguntar:
¿Quién tuvo la culpa?
preguntar:
¿Qué puedo hacer?
Pero podríamos añadir una tercera pregunta:
¿Quién dentro de mí necesita encontrar un culpable?
Esta pregunta cambia completamente la perspectiva. Porque ya no estamos observando solamente lo que ocurrió afuera.
Comenzamos a observar el movimiento interior.
¿Es mi orgullo?
¿Es mi miedo?
¿Es una vieja herida?
¿Es la necesidad de reconocimiento?
¿Es el personaje que teme no ser suficiente?
¿Es el niño que todavía espera ser escogido?
Cuando podemos observar ese movimiento interior sin juzgarlo comienza a aparecer una nueva posibilidad. Ya no estamos atrapados dentro del personaje.
Podemos verlo.
Y cuando podemos verlo, ya no somos completamente él.
Una Nueva Manera de Ser y Amar
Quizás amar de una manera diferente comienza precisamente aquí. No cuando encontramos a la persona perfecta.
No cuando finalmente alguien nos comprende.
No cuando alguien responde exactamente como esperábamos.
Sino cuando comenzamos a observar nuestras propias reacciones.
Cuando dejamos de exigir que el otro resuelva nuestras heridas.
Cuando dejamos de entregar nuestra paz a las decisiones de otra persona.
Cuando dejamos de convertir cada conflicto en un juicio.
Entonces podemos preguntarnos:
¿Qué está ocurriendo dentro de mí?
¿Qué estoy creyendo?
¿Qué personaje está hablando?
¿Desde dónde quiero responder?
Y finalmente:
¿Quiero responder desde el miedo o desde el amor?
Tal vez ahí comienza la verdadera libertad. No cuando conseguimos controlar lo que sucede. Sino cuando descubrimos que no estamos obligados a reaccionar de la misma manera que siempre hemos reaccionado.
Los pensamientos aparecen.
Las emociones aparecen.
Las creencias pueden permanecer durante muchos años.
Pero ninguna de ellas tiene necesariamente la autoridad de determinar nuestra respuesta. Entre lo que sucede y lo que hacemos existe una posibilidad.
Una pausa.
Una mirada.
Una elección.
Y quizás en ese pequeño espacio comienza una nueva manera de ser. Y también una nueva manera de amar.
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