Nada real puede ser amenazado

Nada real puede ser amenazado

La salud que nunca perdí

Hay momentos en los que la vida nos invita a mirar más allá de lo que nuestros ojos parecen confirmar. Un diagnóstico, un resultado de laboratorio o una sensación corporal pueden presentarse como una realidad definitiva. Sin embargo, he aprendido a preguntarme: ¿es esto todo lo que soy?

Hace tres meses inicié un proceso de seguimiento con un nefrólogo. Hoy, al recibir nuevos análisis, encontré una mejoría parcial. La pérdida de albúmina ha disminuido y la función de filtración se mantiene estable. Recibí la noticia con gratitud, pero también con una comprensión que va más allá de los números.

No creo que mi identidad esté definida por un resultado de laboratorio. Soy Hijo de Dios. Y para mí, esa no es una afirmación religiosa que deba repetir para convencerme de algo: es el reconocimiento de lo que soy.

El milagro no fabrica la verdad

Un Curso en Milagros comienza con una afirmación que ha transformado mi manera de comprender la existencia: «Nada real puede ser amenazado. Nada irreal existe. En esto radica la paz de Dios».

Las pociones mágicas y el poder que les atribuimos

El Curso utiliza un lenguaje provocador cuando habla de la medicina y de los remedios como formas de magia. Dentro de su enseñanza, la magia representa el intento de resolver en el nivel de la forma aquello cuya causa última se encuentra en la mente.

No interpreto esto como una invitación a condenar a los médicos, rechazar los medicamentos o sentir culpa por utilizarlos. El propio proceso de sanación puede incluir los recursos que una persona está dispuesta a aceptar sin miedo. La cuestión profunda es dónde deposito mi confianza y qué poder absoluto le atribuyo a lo externo.

Puedo tomar una medicina sin creer que mi identidad depende de ella. Puedo consultar a un médico sin entregar mi paz a un diagnóstico. Puedo observar un resultado sin permitir que se convierta en una sentencia sobre mi existencia.

La medicina puede ser un recurso dentro de mi experiencia humana. Pero mi salud verdadera, desde la visión espiritual que abrazo, no nace de una sustancia ni desaparece por la ausencia de ella.

Lo inconsciente y la realidad que experimentamos

Cada vez estoy más convencido de que la dimensión subjetiva de la vida tiene un peso mucho mayor del que solemos reconocer. Nuestras creencias, emociones, memorias y percepciones inconscientes participan en la manera en que experimentamos el mundo.

No pretendo presentar esta convicción como una demostración científica de que la mente puede modificar cualquier condición física a voluntad. Hablo desde mi experiencia y desde una comprensión espiritual que me invita a no aceptar los límites de mi percepción como límites de Dios.

Creo en los milagros. Y creo que soy capaz de producirlos, no como un ego que intenta dominar la realidad, sino como una conciencia que permite que el amor corrija el miedo. Para mí, el milagro puede manifestarse como un cambio interior y también como una transformación de lo que experimento en el cuerpo. No necesito saber de antemano cómo ocurrirá ni imponerle una forma determinada.

Mi proceso de sanación

Hoy agradezco la mejoría que muestran mis análisis. Continúo con mi seguimiento médico y con el tratamiento indicado, mientras observo con atención mi cuerpo, mi entrenamiento y mi manera de vivir. Pero no quiero que mi paz dependa de que el próximo resultado sea perfecto. Si lo hiciera, estaría entregando mi identidad a una cifra.

Mi práctica consiste en recordar que no soy un cuerpo intentando alcanzar la perfección. Soy el Hijo de Dios, aprendiendo a reconocer una perfección que, desde esta comprensión, nunca se perdió.

No se trata de luchar contra la enfermedad, ni de demostrar que tengo poderes especiales. Se trata de dejar de identificarme con el miedo y permitir que la verdad ocupe el lugar que le corresponde.

El milagro no es una exigencia que le hago a Dios. Es mi disposición a dejar de defender una percepción equivocada.

Y hoy, mientras agradezco cada señal de mejoría, elijo recordar: Nada real puede ser amenazado. Nada irreal existe. En esto radica la paz de Dios.

Jorge Luis Ramírez Montes

Una Nueva Manera de Ser y Amar

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